“No confíes ni en tu sombra. Y si tu reflejo en el espejo parece sospechoso, dispárale”…

Este tipo de frases se asemejan a los argumentos de películas de Hollywood; pero, a decir verdad, también pasa en la “vida real”. No necesitamos palomitas de maíz para estar observado estos comportamientos humanos en el día a día.

Indira Gandhi (1917-1984), estadista y política hindú (sin parentesco alguno con Mahatma Gandhi), expresó: “la desconfianza es una señal de debilidad”.

La actitud del “No debo confiar en nadie”, es el resultado de:
– Pensar mal de las personas con antelación.
– Juzgamiento injusto que hacemos a quienes se acercan a nosotros.
– Condena posterior al juzgamiento que efectuamos a las personas.

Y… ¿Qué se esconde detrás de la desconfianza?
Pues bien:
– Miedo a ser lastimados.

Las personas con las cuales Usted se relaciona, son sus propios “espejos”. Los gestos y actitudes que le agradan de ellas; las cosas que le sorprenden gratamente de ellas; las que valora de ellas; son aquellas características que también Usted tiene y acepta de sí mismo.

Todo rechazo que experimenta con los demás, son aquellas cosas que Usted NO ACEPTA de sí y que necesita “sanar” interiormente. Al desconfiar de los demás, hay una parte interior suya que no acepta de sí mismo, es decir, está desconfiando de su propia esencia.

Es importante que ejercite su consciencia, considerando sus proyecciones en los demás, porque estos reflejos que observa en las otras personas y que lo auto-definen tal como Usted cree de sí mismo, le van a permitir “regularse”, es decir, alinearse con su centro interior, con esta esencia pura e inocente que su persona ES.

Si no puede confiar en nadie, es porque no ha sabido perdonar sus experiencias de dolor, que lo han llevado hoy a desconfiar de otras personas, que no tienen relación con lo vivido en el pasado.

La palabra “des-confiar” significa sacar o quietar a confianza. Y confianza, significa: “Con Fe” o “Junto a la Fe”.

Si Usted pierde la fe en los demás, hay una parte suya que ha perdido una parte de su propia fe.

Cuando tienen frío, los erizos procuran acercarse entre ellos, para generarse calor el uno con el otro.

En su primer acercamiento, ambos terminan hincados por sus espinas, por lo que se asustan y se alejan. La necesidad de calor, hará que los erizos regresen a intentar estar cerca nuevamente, pinchando sus cuerpos por segunda vez.

El frío se hará notar para recordarles sobre la falta de calor; y así, los erizos se acercarán despaciosamente, con mucha cautela y, poco a poco, lograrán estar lo suficientemente juntos como para no lastimarse entre ellos.

En las relaciones humanas sucede lo mismo. La necesidad de sentir aprecio, amor, valoración y reconocimiento, hace que la vida acerque personas que puedan hincarse entre ellas con las espinas del ego, donde habita la falta de tolerancia y perdón. Pero el calor del amor, hará que Usted y ellas puedan ir regulando las distancias, para no terminar heridos.

Las personas desconfiadas, por lo general, suelen tener dificultades en las relaciones interpersonales, ya que están siempre “a la defensiva”, como si tuviesen un escudo que los proteja de alguna espada que pretende atravesarles el corazón.

Viven en un mundo en el cual hacen difícil la expresión del amor y los sentimientos más nobles y sinceros, porque piensan que el mundo entero está confabulado para engañarlos.

En realidad, todos nosotros hemos desconfiado alguna vez, y es probable que lo sigamos haciendo; aunque hay una gran diferencia entre las personas que, so pena de sus inseguridades, abren su corazón y superan este sentimiento involutivo; y aquellas personas que terminan anulándose a sí mismas, por desconfiar hasta de su propia sombra.

Estos seres humanos están aterrados, dadas sus experiencias desafortunadas de su pasado, de las que no han podido extraer el aprendizaje que existe detrás de ellas.

Como es evidente comprender, este tipo de actitudes terminan aislando a las personas y, por consecuencia, minando las posibilidades de interacción con el entorno social y de trascender.

Un relato cuenta que en un reino, unos consejeros se postulaban para ser miembros de la Corte. Estos candidatos hacían presión al soberano rey, para ser aceptados como asesores reales.

El monarca estaba anuente a aceptar a alguno de ellos, aunque deseaba que el mayor de los requisitos para ser un consejero fuese la lealtad, ya que la confianza era el cimiento donde se sustentaba su reinado.

El rey, dispuso que se le entregase una caja a cada uno de los postulantes a consejeros reales, que estaba cerrada y atada débilmente con un lazo de seda, muy fácil de desatar. Las cajas debían permanecer en las casas de cada uno de los candidatos por una noche; para luego de superado este lapso, se entregaran al rey personalmente y éste nombrara los miembros de su Corte.

Muchos de los postulantes no pudieron con su curiosidad y abrieron cuidadosamente las cajas y, por sorpresa, los pájaros que se encontraban dentro, escaparon sin poder ser recuperados.

El día de la entrega de las cajas, el rey abrió cada una de ellas, encontrándose con casi todas vacías. Sólo dos de ellas estaban intactas, por lo que el rey nombró a sus poseedores, como sus fieles consejeros de la realeza.

Cuando nos entregamos a los demás, puede que nos decepcionemos de muchas personas en quienes hemos creído. Pero esto no significa que, porque hayamos confiado en aquellos individuos a quienes le dimos todo nuestro amor y nos fallaron, debamos cerrar nuestra mente, nuestros corazones y nuestra puerta hacia otras personas.

Terminamos, muchas veces, haciendo pagar inmerecidamente a muchos, por los errores de otros.

La necesidad de sentirnos aceptados, aprobados, amados, es esencial en el Ser Humano.

Cuando su corazón le pida recibir una caricia, un abrazo, un mimo; no se retraiga. Vuelva a confiar en las personas. Déjese guiar por su corazón, no por la razón.

Si desea volver a confiar en los demás, debe primero volver a confiar en su corazón, que nunca se equivoca. En todo corazón se encuentra la inteligencia emocional, que lo regula al acercarse a los afectos.

Incluso, si a Usted le da miedo y vergüenza el hecho de abrir su corazón a los demás, es una señal de que su ego herido es más fuerte que su necesidad de amar.

Confíe nuevamente en las personas y libérese de sus miedos.

Formúlese las siguientes preguntas:

– ¿Pienso que, cuando las personas se acercan a mi con afecto, es porque quieren aprovecharse de mí?
– ¿Abro mi corazón para las nuevas relaciones?
– ¿Estoy siempre a la defensiva cuando alguien quiere relacionarse conmigo?
– ¿Tengo miedo que vuelvan a lastimarme?
– ¿Porqué no doy oportunidades a las personas que no me hicieron daño?
– ¿Me cuesta hacer nuevas amistades?
– ¿Siento que es mejor estar solo?
– ¿Condeno a las personas por los errores de otros?
– ¿Son más las personas que me han decepcionado, que las que no lo hicieron?
– ¿Es justo que yo desconfíe de las personas sin razón alguna?
– Si la gente confía en mi ¿porqué yo desconfío más de lo que confío?
– ¿Prefiero ser cauteloso, antes de que me apuñalen por la espalda?
– ¿Exagero mucho con estar desconfiando de todos y por todo?

Pasajes Bíblicos recomendados:
Proverbios 15:22
Proverbios 17:17
Proverbios 18:24
Mateo 7:1,5
Marcos 12: 31
Romanos 12:9,21

Finalizando:
La Anti-Éxito expuesta es: “No debo confiar en nadie”.

En Consecuencia:
La Declaración Transformacional es:
“Tenga confianza en las personas. Abra su corazón y lo mejor de Usted al mundo”.

Carpe diem, Aproveche el día, con Plenitud.

Autor: Daniel Peiró