Necesitamos desarrollar competencias que ayuden a “iniciar con determinación” proyectos propios,

pero también a dominar capacidades mínimas para gestionarlos con un grado razonable de probabilidad de éxito.

 

ACTITUD (“querer hacerlo”):

 

1. Autonomía y pensamiento crítico (cuestionarse las cosas):

 

Espíritu inconformista. Adquirir la costumbre de cuestionarse las cosas para poder cambiarlas: “Esto se puede cambiar”, “Las razones que me han dado para que esto sea así, no me convencen”. Preguntarse “¿Y por qué no?”. Huir del “borreguismo” y del “group-think”.

 

Aprender a tomar decisiones de forma autónoma. Pensar primero en lodeseable, y sólo después en lo posible. Tener criterio y capacidad de filtrado, para separar la paja del trigo. No dejarse deslumbrar por laMarquitis. Un punto clave aquí es aprender a decidir de forma autónoma (a partir de referencias propias, y no de un guión predeterminado), una habilidad que conecta con la siguiente competencia.

 

2. Capacidad ejecutiva y vocación de acción (ser expeditivos):

 

“Just do it”. Pasar a la acción transformando ideas en proyectos con rapidez, incluso cuando se carece de apoyos. Cultura de Prototipado, de Acción-Reflexión-Acción, en vez que pretender el Plan-Perfecto. Habilidades de la Cultura-Lean.

 

3. Constancia, perseverancia (ser pacientes para llegar lejos):

 

Tenacidad. Mantener el foco. Sentido de la responsabilidad y el compromiso con los proyectos. Apostar por el largo plazo evitando “lo vaporoso”. Cultura del esfuerzo: cultivarse y crecer en el trabajo duro. No temer al Poder (o mejor, saber gestionar ese miedo). Entender que la “destrucción creativa” subyace en todos los procesos de innovación auténtica, y que por tanto siempre habrán resistencias. Por cierto, esta es una competencia en la que se trabaja muy poco de forma explícita en los programas de formación que conozco, y que quizás sea la más importante de todas.

 

4. Tolerancia al error (asumir con más naturalidad los errores):

 

Entender los errores como una oportunidad de aprendizaje dentro de un proceso de iteración infinito. Esto no va de glorificar el error (una retórica tan de moda en estos días), sino de juzgarlo en su justa medida, con sus costes y beneficios. Se trata, en definitiva, de desarrollar habilidades de “buenos gestores del riesgo”, para entender que pueden haber “errores inteligentes” y que la gente-con-iniciativa comete, por definición, una buena dosis de fallos.

 

5. Flexibilidad y apertura (aprender a aprender):

 

Muscular la curiosidad y la apertura de mente para abrirse a las oportunidades. Esa flexibilidad consiste en vivir en un constanteequilibrio inestable entre firmeza y humildad, lo viejo y lo nuevo, aprender y desaprender, hablar y escuchar, y también en saber gestionar/compartir el nuevo conocimiento.

 

APTITUD (“saber hacerlo”)

 

6. Creatividad:

 

Aprendizaje de técnicas y habilidades que ayuden a  pensar fuera-de-la-caja. OJO, este atributo es importante, pero está sobrevalorado. Muchos programas de formación se obsesionan con esto pero descuidan otras competencias (p.ej. la perseverancia) porque no saben distinguir entre “creatividad” e “innovación”. Forman “gente creativa” pero no “innovadora”.

 

7. Empatía:

 

La creatividad necesita de la empatía como factor de equilibrio. Ambas se complementan porque apuntan a direcciones distintas. Además de saber volar, de liberar la imaginación, es importante aprender a ser sensibles y empáticos con “los otros”. Esto incluye la capacidad de detectar necesidades latentes y entrenar una cierta “mirada antropológica” o lo que hoy llaman “Enfoque-de-usuario”. Metodologías como el Design Thinking ayudan mucho a esto.

 

8. Trabajo en equipo:

 

Aprender a colaborar es fundamental para superar hoy cualquier desafío innovador. Para eso hay que saber gestionar la diversidad, y canalizar constructivamente las emociones. La gente con iniciativa que consigue lo que se propone suele manejarse bien como “conectora” entre diferentes. Además, suelen ser personas que han aprendido a ser generosas y humildes.

 

9. Capacidad de agregación y síntesis:

 

Esto es más importante de lo que parece, y suele ser también un atributo descuidado. Saber agregar y sintetizar ideas/conceptos ayuda mucho a atenuar la dispersión creativa en la que suele caer la gente con (exceso de) iniciativa. Hoy tiene un valor enorme aprender a descubrir patrones dentro del caos informacional que existe, y esa capacidad de filtro se entrena.

 

10. Tolerancia a la ambigüedad:

 

Esta competencia es de las más difíciles de desarrollar (claro, más para unos que para otros). Consiste en aprender a aceptar y a asumir la complejidad, a comprender que hay espacios de incertidumbre con los que hay que aprender a convivir. Renunciar a la obsesión por el control en ciertos ámbitos y asumir lo desconocido como una fuente de curiosidad y no de estrés, es una habilidad muy preciada para llevar los proyectos a buen puerto.

 

11. Poder de persuasión:

 

Por muy buenas que sean las ideas, si no se saben comunicar, va a ser difícil convertirlas en buenos proyectos. Por eso la gente con iniciativa sabe “vender” sus ideas, son buenos storytellers en el mejor sentido del término. Es lógico que así sea porque todo proyecto necesita de un equipo que lo impulse, y a veces la masa crítica que lo hace viable significa multitudes de personas, así que la capacidad de persuadir y seducir es una competencia que termina siendo determinante.

 

En fin, creo que este esquema puede ser útil para diseñar programas de formación / sensibilización de (futuros) emprendedores y para el fomento de “habilidades innovadoras” tanto en funcionarios públicos como en trabajadores de empresas privadas. Y lo que me parece más interesante es la posibilidad de diseñar dinámicas formativas del tipo “learning-by-doing” para desarrollar de forma específica cada una de esas competencias.

 

Teniendo más claro lo que buscamos, adecuadamente “mapeado”, es más fácil recrear ejercicios que nos ayuden a conseguirlo. Es un tema que me interesa mucho seguir trabajando, y del que seguramente seguiré escribiendo aquí.

Fuente: Manuel Gross Blog (Extracto)