por Francisco Alcalde

 

Frank Banks decía: “Si quiere hacer algo, encontrará la forma; si no quiere, encontrará una excusa”. Más claro el agua. Ya bromeaba el grupo cómico argentino Les Luthiers que “errar es humano pero echar la culpa es más humano todavía”. Siempre es posible sacudirse responsabilidades para no entonar el mea culpa, y en eso los humanos somos auténticos especialistas. Las excusas según el momento y la situación pueden ser de lo más variadas: con las parejas, con los amigos, con los jefes…

El tema de las excusas se centra en aquellos argumentos más frecuentes que se dan la oficina para salir airoso del algún asunto:

1. Siempre se ha hecho así.
2. No sabía que lo necesitara con urgencia.
3. Nadie me dijo que lo hiciera.
4. Estaba esperando su permiso.
5. ¿Cómo iba a saber que esto era diferente?
6. Éste es su trabajo no el mío.
7. Espera hasta que vuelva el jefe y pregúntale.
8. No hemos cometido muchos errores.
9. No creía que fuera tan importante.
10. Estoy tan ocupado que no puedo dedicarle ni un minuto.
11. Creía que te lo había dicho.
12. No me contrataron para hacer esto.
13. Mañana lo vemos.
14. El lunes lo vemos.
15. Te iba a llamar ahora mismo.